INSPIRACIÓN
Aunque es una interpretación libre, la obra dialoga con un tema recurrente en el budismo: la presencia compasiva que florece en el corazón de la calma.
En este caso, la obra representa a un Bodhisattva de la compasión. No busco una representación literal sino acercarme a esa energía a través de mi mirada personal , celebrando la fuerza suave que transforma desde dentro.
Esta obra surge como un diálogo entre el silencio interior y la abundancia de la vida.
La figura central, en actitud serena representa el espacio íntimo donde todo florece: la calma, la belleza, la contemplación.
SIMBOLISMO
La figura central encarna la serenidad interior, ese estado donde el tiempo se suspende.
El halo y los ornamentos hablan de lo sagrado en lo cotidiano, de la luz que cada ser porta en su interior.
Las flores, diversas y enmarcando la figura son el reflejo de la abundancia de la vida, de la renovación constante.
Los colores intensos no buscan describir la realidad sino transmitir energía.
CLAVES
Esta obra es un recordatorio de que no necesito hacer ruido para florecer.
El silencio, la pausa, la contemplación también son fértiles.
Pintarla fue una manera de reconciliarme con mi propio ritmo, de honrar la belleza que surge cuando dejo de correr y simplemente me siento a escuchar.


